Una década después de que la revolución de 2010/11 echara al odiado dictador Ben Alí, una ola de protestas antigubernamentales ha sacudido Túnez. El gobierno ha sido derrocado en un golpe de Estado, pero no se puede confiar en ninguna facción burguesa. Las masas sólo pueden confiar en su propia fuerza. Es necesario un nuevo estallido revolucionario de los trabajadores y la juventud para conquistar un verdadero futuro.

En los últimos días, una erupción social ha sacudido Senegal. El movimiento, surgido aparentemente de la nada, ha adquirido rápidamente rasgos insurreccionales y el Estado ha perdido por completo el control de grandes zonas de la capital, Dakar, a manos de los manifestantes.

La juventud de Nigeria se ha rebelado contra la brutalidad de la odiada unidad de policía del SARS. Ni las concesiones ni el látigo de la reacción han hecho retroceder al movimiento #EndSARS, solo lo han impulsado hacia adelante. Este torrente espontáneo de ira debe colocarse sobre una base política organizada, dirigida directamente al putrefacto régimen capitalista.