Las elecciones presidenciales de ayer en Argelia estuvieron marcadas por una campaña de boicot masivo convocada por el movimiento Hirak, que ahora tiene 43 semanas. El boicot había sido precedido por una huelga general de cuatro días y fue particularmente fuerte en la región de la Kabilia. Decenas de miles salieron a las calles de todo el país desafiando la prohibición policial de manifestaciones. Quienquiera que sea el que decidan los generales como nuevo presidente del país, no tendrá legitimidad real.

La gran manifestación del 1 de noviembre marca un punto de inflexión para el movimiento argelino Hirak, que se desarrolla desde hace 37 semanas de forma ininterrumpida. El régimen ha decidido convocar elecciones presidenciales el 12 de diciembre, que las masas han rechazado correctamente. La consigna de una huelga general para detener las elecciones y forzar el derrocamiento del régimen está ganando terreno.

Desde la muerte de Robert Mugabe el viernes 6 de septiembre, los medios de comunicación occidentales no han hecho más que mostrar su repulsión por el ex dictador. Lo que no se informa es que, durante la mayor parte de su mandato de 37 años, Mugabe fue el favorito de Occidente. Mientras aplicaba fielmente las políticas del imperialismo occidental, éste apuntalaba su régimen y hacía la vista gorda ante sus atrocidades. Pero todo eso se olvida hoy, y se describe a Mugabe como alguien que persiguió sin piedad a sus oponentes y arruinó a su país.