En la mañana del 6 de febrero, el prominente dirigente de izquierda Chokri Belaid fue asesinado frente a su casa en Túnez. Miles han salido a las calles, atacado oficinas del partido gobernante Ennahda, que es considerado el responsable del asesinato, y se ha convocado una huelga general    para mañana, 8 de febrero. Éste podría ser  el incidente  que desencadene una muy necesaria segunda revolución, dos años después del derrocamiento del odiado régimen de Ben Alí.

La intervención militar en Mali ha comprometido a Francia en una nueva guerra imperialista. Detrás de las motivaciones oficiales, su objetivo es asegurar y ampliar las posiciones económicas y estratégicas del capitalismo francés en la región. Además de sus recursos naturales -los actuales y los potenciales - Mali, el tercer productor de oro de África, está rodeado por varios países donde las grandes empresas francesas, entre ellas Total y Areva están fuertemente implantadas. El grupo Areva obtiene en Níger un tercio de sus necesidades de uranio. Total explota el petróleo de Mauritania. El capitalismo francés domina la Costa de Marfil. Con sus vastas reservas de petróleo y gas, Argelia es el mayor socio comercial de Francia en África. Son principalmente los intereses de los grandes grupos franceses en los países vecinos de Mali los que lo convierten en una cuestión importante, desde el punto de vista estratégico, para el imperialismo francés.

Ha pasado más de un mes desde que los mineros de la mina de platino de Lonmin en Marikana, Sudáfrica, se declararan en huelga indefinida. Han sido atacados y vilipendiados, viendo cómo 34 de ellos fueron asesinados por la policía el 16 de agosto, la mayoría a sangre fría, y 270 fueran arrestados, inculpados ​​y torturados con frecuencia durante su detención. Los dirigentes del Sindicato Nacional de Mineros (NUM), la patronal y el Estado han firmado un "acuerdo de paz" a espaldas de los mineros, a quiénes la empresa les ha venido dando repetidos ultimátums para que cesaran la huelga y volvieran al trabajo. Sin embargo, la huelga todavía continúa y los mineros mantienen su exigencia de un aumento salarial a 12.500 rands (1 dólar equivale a 8 rands). Ellos son un ejemplo de combatividad obrera y de capacidad de resistencia que se está extendiendo a otros sectores del proletariado minero de Sudáfrica.