La agenda represiva del gobierno de Piñera no para de generar incidentes que causan cada vez mayor indignación, agravando la crisis de legitimidad de las instituciones en Chile. En horas de la tarde del lunes 17 de diciembre, Carabineros de Fuerzas Especiales ingresó violentamente al edificio del sindicato de estibadores en Valparaíso que llevan más de un mes en huelga, con un saldo de 16 detenidos y 2 heridos. Los puertos respondieron con un paro nacional portuario que doblegó la iniciativa del gobierno. El mismo día, el presidente Sebastián Piñera se reunió temprano con el empresariado chileno. Además de los representantes de la CPC (Cámara de Producción y Comercio), se encontraba Ricardo Von Appen, sentado a la cabecera, presidente del Terminal Pacífico Sur (TPS) que por su intransigencia ha prolongado el conflicto laboral que mantiene a los trabajadores y familias del puerto en amarga espera. Los portuarios han advertido que si no tienen Navidad, entonces no habrá Año Nuevo en el puerto.

Desde primera hora del 1 de diciembre la plancha del Zócalo en la Ciudad de México fue testigo de la llegada de miles de personas para presenciar de la toma de protesta del nuevo gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, quién por la mañana acudió a la Cámara de Diputados a la ceremonia oficial y posteriormente habló frente a 160 mil personas quienes abarrotaron la principal plaza pública del país. Estos acontecimientos son inéditos en la historia reciente, marcada por imposiciones y fraudes electorales; recordemos que en las elecciones locales y federales, el ambiente en las calles durante la toma de posesión de los anteriores presidentes fue de rechazo, oposición y de un profundo malestar entre amplios sectores de trabajadores y la juventud. En esta ocasión no fue así, las masas se volcaron a las calles, a festejar un triunfo que sienten como suyo.

Jorge Martin es secretario de la campaña internacional de solidaridad con la revolución bolivariana “Manos fuera de Venezuela”; dirigente de la Corriente Marxista Internacional (CMI); miembro del comité de redacción de la página “In Defense of Marxism” y es editor de “América Socialista” revista de la CMI.

En las proximidades de Ercilla en la región de la Araucanía, el joven mapuche Camillo Catrillanca de 24 años de edad fue asesinado por efectivos del llamado Comando “Jungla” de Carabineros de Chile. El weichafe era nieto del Lonko de Temucuicui, y deja además a su esposa embarazada y una hija de 6 años.

Decenas de jóvenes y trabajadores fueron tomando su lugar en el auditorio de la Museo Casa León Trotsky para escuchar a Alan Woods, dirigente de la Corriente Marxista Internacional. La conferencia fue sobre las ideas de Carlos Marx ya que en este año cumplió 200 años de su nacimiento. El día no podía ser más propicio, el 20 de noviembre, aniversario el inicio de la revolución mexicana. Había estudiantes de las principales universidades del país como la UNAM, el IPN y la UAM. Entre otros había sindicalistas, científicos, académicos y militantes de Morena, así como la presencia de Gabriela Pérez, directora del Museo Casa León Trotsky, y Esteban Volkov, nieto del dirigente revolucionario ruso.

El dirigente del Partido Comunista de Venezuela, Luís Fajardo, fue asesinado en la noche del miércoles 31 de octubre, cuando regresaba a casa con su cuñado, Javier Aldana, quien también murió en el ataque. Ambos iban en una motocicleta a las 9 pm cuando recibieron una ráfaga de disparos de un vehículo en marcha. Los dos hombres eran activistas campesinos y militantes comunistas involucrados en la lucha por la reforma agraria en la región del Sur del Lago de Maracaibo y ya habían solicitado protección porque habían recibido amenazas de muerte.

La victoria de Bolsonaro es la demostración del colapso político del régimen de la "Nova República" y del pacto social efectuado con la Constitución de 1988. Es también la demostración del colapso de la "Democracia" para enormes sectores de las masas, además, la mayoría (electores de Bolsonaro, votos blancos, nulos y la abstención) dejó claro que poco le importa "esta democracia", e ignoró los llamamientos de Haddad / PT y otros, para "defender la democracia", que sólo han hecho hasta ahora empeorar sus vidas y ampliar su sufrimiento y la angustia permanentemente.

Bolsonaro ganó la segunda ronda de las elecciones presidenciales con un 55 por ciento de los votos, derrotando a Haddad –el candidato del Partido de los Trabajadores (PT)– quien recibió el 45 por ciento. Cualquier esperanza de un milagro de última hora quedó frustrada. Este resultado es un revés para la clase obrera y los pobres Necesitamos comprender qué significa esto, qué condujo a esta situación y qué estrategia debe seguir el movimiento obrero con respecto a este gobierno reaccionario.

Terminada la primera vuelta de las elecciones presidenciales Haddad y el PT se despojaron de su camisa roja usada para reanimar a los petistas melancólicos y se pusieron trajes respetables con camisas blancas, cambiando los símbolos de la campaña del PT por los colores de la bandera de Brasil –verde, amarillo y azul– retirando las fotografías de Lula y escondiendo el color rojo del PT.

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